Yo tenía 14 años. Me quedé a dormir en casa de mi tía junto con mi hermano de 12 años, los dos en el sofá cama del salón. A las 7 de la mañana, el que entonces era su novio, se levantó para ir a trabajar. El piso era muy pequeño, así que me desperté cuando encendió la luz de la cocina para tomarse el café. Al verme despierta, vino al sofá y se sentó a mi lado para decirme que volviera a dormirme, que era muy temprano, mientras me acariciaba el pelo. Cuando quise darme cuenta, me estaba besando en los labios. Me quedé paralizada.
Ese mismo verano nos fuimos un fin de semana a una casa al lado de la playa, también con mi tía y su novio. Cuando mi tía se fue a la cama, él me cogió la mano y me pidió que le hiciera compañía un rato en la cocina, que todavía no tenía sueño. Lo siguiente que recuerdo es estar de pie a su lado, mientras estaba sentado en una de las sillas del comedor… yo con la ropa bajada hasta las rodillas, y él acariciándome entre las piernas. Una vez más, yo paralizada.
Cuatro años más tarde. Ahora ya es mi tío político, y mi primo de tres meses está durmiendo en su cuna, al lado del sofá en el que estoy sentada. Yo estaba tapando al bebé con una mantita, cuando de repente siento una mano que se mete dentro de mi camiseta, y una respiración en mi cuello. Esta vez me pude mover, pero solo para apartar la cara y decirle que NO. Se separó de mí y al final me pidió perdón y me prometió no hacerlo más.
Siento que con 14 años yo no era consciente de lo que me estaba pasando. Que era un abuso. Quizás es una forma de autojustificar mi falta de reacción. Pero con 18 años… ¿tendría que haber hecho algo más?
Hoy, casi 20 años después, me entero que le ha puesto la mano encima a mi primo. Y yo me sigo callando todo, aún sabiendo el tipo de persona que es.
Me siento una cobarde.