No es solo el acoso escolar. Entre mujeres también nos herimos. Y ya basta

Este mensaje es para nosotras, las que sostenemos el mundo, las que cuidamos, las que tiramos del carro… pero también, a veces, sin querer, nos convertimos en parte del daño de otra mujer.

Sí.
Hay que decirlo.
En el trabajo también existe el acoso entre mujeres.
Y duele diferente.
Duele más.

Porque esperamos encontrarnos apoyo, mirada cómplice, comprensión…
Y lo que encontramos, a veces, son miradas que juzgan,
comentarios que hieren,
silencios que excluyen,
cuchicheos al pasar,
y esa sensación de “no encajo” que te parte por dentro.

Y muchas veces ocurre por una sola razón:
porque una mujer brilla.
Porque destaca.
Porque se esfuerza.
Porque tiene talento.
Porque se mueve, aprende, avanza…
y eso, para algunas, se convierte en amenaza.

Pero aquí va la verdad que nadie dice en voz alta:

La competencia real no está entre nosotras. El enemigo nunca es otra mujer. El enemigo es el sistema que nos enseñó a compararnos, rivalizar y desconfiar. Entre mujeres deberíamos cuidarnos, no destruirnos.
Deberíamos tender manos, no trampas.
Deberíamos celebrar los logros de otra mujer como si fueran propios.
Porque cuando una sube, abre camino para las demás.

Si estás viviendo esto, si te están apagando, juzgando, aislando, si sientes que otra mujer te está haciendo daño… no te calles.
No te quedes sola.
Busca tu manada, tu red, tu apoyo.
Siempre hay mujeres dispuestas a escuchar, a sostener, a decirte:
“No estás loca. No estás sola. No es tu culpa.”

Y si eres tú la que, algún día, por cansancio, rabia o inseguridad, has mirado mal, has juzgado o te has dejado llevar por el ambiente…
Párate un momento.
Respira.
Reflexiona.
Cambiar también es apoyar.
Entre nosotras podemos sanar muchísimo daño.

En Café NA Asesoría hablamos de números, sí…
Pero también hablamos de vida, de trabajo, de mujeres, de heridas que cargamos en silencio.
Porque detrás de cada contrato, cada trámite y cada empresa… hay historias humanas que importan.

Y una cosa tengo clara:

Las mujeres brillamos más cuando brillamos juntas.
No cuando nos apagamos unas a otras.

15 Me gusta

Hola cielo, comprato lo que dices y entiendo que en efecto puede ser algo que nos hiere y algo que no debería de pasar entre nosotras. Lo más bonito que le puede pasar a una mujer es encontrar a una amiga y lo más bonito que le puede pasar a un hombre es encontrarla también, no ocurre al contrario.

Pero me surge una cuestión que creo que es relevante a tener en cuenta y es que qué curioso que entre nosotras también nos tengamos que echar la culpa de sentir envidia o no poder ver el brillo de las demás, cuando en realidad no somos nosotras las que nos hemos enseñado a no apreciar el éxito de las demás, sino que los hombres son los que nos han dicho también que otra mujer es más guapa que nosotras, que otras mujeres tienen más éxito que nosotras, que otras mujeres tienen más que nosotras y de esa manera nos han hecho ponernos a unas en contra de las otras.

Finalmente, y como último pensamiento a compartir, qué curioso que lo “peor” que nos puede hacer una mujer es tenernos envidia o criticarnos o chismear de nosotras y lo peor que nos puede hacer un hombre es v* nos, m*.nos, secue*.nos… y un enorme etcétera. Entre nosotras nos empujamos a juzgarnos pero es que lo peor que nos podemos hacer entre nosotras, es heridos con palabras (que sigue estando igual de mal, ojo, no lo infravaloro) pero tengamos en cuenta que lo peor que pueden llegar a hacer ellos es quitarnos lo más preciado que tenemos, nuestra vida.

6 Me gusta

Qué razón tenéis ambas. Hace años, estuve trabajando en una empresa en la que de 150 trabajadoras, 144 éramos mujeres. Cuando entré, una conocida lo primero que me dijo fue: cuidado con todas. No te fies de nadie.

Pronto entendí porqué :frowning: Cuando llevaba unos meses y ya iba conociendo más personalmente a mis compañeras, no me parecían "tan malas”. Todo lo contrario, me iba llevando bien con la mayoría, así que cambié de estrategia: empecé a valorarlas y a hablar bien de las demás. Reconozco que me sorprendió mucho como iba viendo un cambio de chip entre ellas y hacia mí. También les recriminaba cuando hablaban mal de otra compañera que no estaba delante.

Una vez, cuando íbamos a tomar el café al descanso, fui a avisar a una compañera que llevaba pocos días, y la responsable de zona cuchicheando me decía que no le avisase. La avisé igualmente, me pareció horrible actitud por parte de una persona responsable.

Con la encargada todas se llevaban bastante mal, yo incluida, tenía unas formas muy feas. Un día, le reconocí el mérito de su trabajo y le dije que no debía ser fácil organizar a tantas personas y estar pendiente de todo. Su cara fue un poema creo que nadie le había dicho algo parecido antes. Desde entonces, su trato conmigo fue diferente, y eso que yo no me callaba nada y le di bastante “guerra”.

Qué bien ha funcionado el divide y vencerás con las mujeres, porque sí, unidas somos muy fuertes.

10 Me gusta