Primeras experiencias sexuales: Gracias, Ana Mena

No vengo aquí a debatir sobre el concepto de virginidad (por eso no lo he puesto en el título) porque creo que ya todas somos conscientes de que es un constructo social que se inventaron los hombres como una forma más de controlar nuestra sexualidad y, por extensión, nuestras vidas. Lo que sí quiero es destacar la importancia de testimonios como el de Ana Mena.

Para quien no lo sepa, hace poco ella estuvo en un podcast con Cris Regatero y decidió abrirse y contar públicamente que no mantuvo sus primeras relaciones sexuales hasta que tenía unos 25 años, es decir, hasta hace unos 3 años (como referencia, aunque su fama explotó hace no tanto, ella es conocida desde que era una niña básicamente). Cuando la escuché me quedé un poco en shock porque su historia es básicamente la mía (si le quitamos la fama, el dinero y el talento, claro :joy: ). Solo tengo un par de años menos que ella y, aunque siempre me recuerdo a mí misma que hay muchas mujeres que comienzan a tener relaciones sexuales “más tarde” (¿quién define cuál es el momento “oportuno”? En fin…) y que no pasa nada, a veces es inevitable compararse y preguntarse por qué otras sí y yo no (a pesar de que en mi caso en parte es voluntario, porque he visto y vivido suficiente como para no fiarme de cualquiera). El caso es que me chocó que ella, tan guapa, famosa y talentosa (ya sé que no tiene nada que ver, pero confío en que entendáis a lo que me refiero), hubiese tenido una experiencia vital similar a la mía, una joven no muy extrovertida y con un grupo social bastante reducido. Evidentemente, cada una tiene sus motivos o circunstancias y todas son válidas, pero a veces la mente sigue jugando malas pasadas porque en ocasiones es una decisión voluntaria y consciente, mientras que otras la vida te pone ahí y tú tienes que aprender a manejarlo. El sexo no es una necesidad y menos aún hacerlo en pareja, pero también es humano anhelar ese tipo de experiencias. Frecuentemente me encuentro en un debate conmigo misma porque el 80% del tiempo no soporto a la mayoría de hombres, pero el 20% restante no dejo de ser una mujer joven heterosexual rodeada de parejas más o menos consolidadas y en una sociedad que, en su intento por intentar que el sexo deje de ser tabú, casi lo ha llevado al extremo contrario en según qué ámbitos.

Supongo que es un tema del que podría hablar durante horas y en realidad con esto no pretendo llegar tampoco a ninguna conclusión existencial. Solo quiero reiterar lo dicho: gracias, Ana Mena, por aprovechar tu posición para compartir una experiencia de tantas mujeres. Eres altavoz y tu discurso puede ayudar a muchas mujeres, adolescentes y niñas que te siguen a gestionar la presión social o individual que conlleva este tema. Al final el feminismo se basa mucho en eso, en compartir, en reconocerse en las experiencias de otras, en saber que no estás sola ni eres un bicho raro, y eso nos hace más fuertes.

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